jueves, 24 de octubre de 2013

Entrevista a Laura Cesarco Eglin

 Conocí personalmente a Laura Cesarco Eglin unos meses antes de que publicara su primer poemario, Llamar al agua por su nombre (Mouthfeel Press, 2010). Ella era editora de la Río Grande Review, revista literaria de la Universidad de El Paso, Texas, ciudad donde residía. Ambos escribíamos poesía y -tal vez lo más novedoso- la poesía de ambos tenía un elemento en común, el agua, sus significados y sus símbolos. Las charlas de aquel encuentro fueron una continuación del profundo diálogo cibernético iniciado tiempo antes: evocamos a Vallejo y a Pizarnik, parafraseamos a Levrero y a  Teillier, hablamos de películas maravillosas, de proyectos artísticos, de la poesía de otros y la nuestra.
En el año 2011, Laura publica su segunda obra, Sastrería (Yaugurú, 2011). Un doloroso poemario sobre las diversas formas de la memoria, la enfermedad, y las historias que van pasando de una generación a otra, dejando siempre sus huellas indelebles.
A Laura le debo el cruce de fronteras de mi poesía; es uno de mis L.I. (lectores ideales), tomando el término de Stephen King; y a ella he acudido para la segunda de mis entrevistas. Esto es lo que me ha dicho:


Miguel: Tres años tiene ya tu primer poemario, Llamar al agua por su nombre. ¿Por qué el agua, cuál es tu relación con dicho elemento y sus símbolos? ¿Se agotó en tu poesía, o el mar sigue “sosteniendo tu mirada”?

El agua de ninguna manera la agoté y tampoco se agotó en mi poesía. El agua siempre cambia, siempre me sorprende. Siento una conexión tremenda con el agua. No sé exactamente por qué. ¿Será porque soy de Montevideo y el Río de la Plata me marcó? Tal vez. Fue en El Paso que me di cuenta de mi conexión con el agua. Un profesor del MFA en Creación Literaria, Ben Sáenz, me preguntó si me había dado cuenta que el tema del agua aparecía muy seguido en mi poesía. Ahí me di cuenta que extrañaba el agua porque desde el ’98 que vivía fuera de Uruguay en dos ciudades que son desiertos: nueve años en Jerusalén  y después 4 años en El Paso. Después de publicar Llamar al agua por su nombre, incluso después de estos años, sigue apareciendo el agua de vez en cuando. Es que es una parte de mí. Cuando me mudé a Boulder, Colorado (un semi-desierto) lo que más me llamó la atención no fueron las Montañas Rocky sino que los arroyos que hay en la ciudad.
El agua no se agota, eso es lo fascinante. Siempre está en movimiento, siempre se transforma.

Miguel: Por otro lado, los poemas reunidos en Sastrería, están gobernados por la memoria, por ese batallar con los recuerdos, traerlos a flote aunque haya que enfrentar la resaca de la marea. ¿Cuánto dolió Sastrería? ¿Cuánto sanó su construcción?
            
       Sastrería dolió, y dolió mucho. Pero a la vez, es muy bueno haber enfrentado el dolor, los miedos, las posibilidades, la pérdida. No fue fácil. Empecé a escribir Sastrería cuando me tomé un semestre libre del MFA para acompañar a mi padre en sus primeros meses de quimio. Lo habían diagnosticado con cáncer. Eso me llevó a Sastrería, que como vos decís, está gobernado por la memoria: la memoria de alguien que iba a morir, la memoria del cuerpo que la cargan las herencias (como el cáncer en el caso de mi familia), la memoria de algo que vivieron mis abuelos pero que es parte de mí (el holocausto), la mecánica de la memoria, etc. Cuando volví a El Paso seguía escribiendo Sastrería y una profesora y poeta, Rosa Alcalá, cuando leyó uno de los poemas dijo: con este poema te falta llorar. Me dijo que me siente con él y que llore. Así lo hice. No sé si la poesía sana, pero sí es una forma de ir procesando y pensando las cosas.

 

Miguel: He apreciado que actualizas tu blog mensualmente. ¿Cómo ves el uso de la web aplicada a la literatura? 

Sabemos que cuando escribimos lo hacemos solos. Pero escribir es también ser parte de una comunidad. Y esa es la otra cara de este trabajo, como le digo yo. Quiero decir, es tan importante darnos nuestros espacios y tiempos a solas como crear comunidad, aportar a la comunidad de escritores. Hay muchas formas de hacer y crear comunidad. La web es una de ellas.  La web es importante justamente por eso, porque a través de blogs, sitios, comunicación a través de email u otras redes sociales, se produce el compartir, uno es parte y participa de la comunidad. Así fue que nosotros nos empezamos a comunicar, gracias a la web.

Miguel: Estás viviendo en Boulder y anteriormente residías en El Paso. ¿Cómo es la movida poética por esos lados? ¿Cómo ves desde “allá” la movida poética de “acá”?

Tanto en El Paso como en Boulder hay mucho movimiento relacionado con la poesía y con la literatura en general. Por supuesto que al ser ciudades diferentes y estar poblados por diferentes personas, se dan espacios distintos. Lo que tienen en común es que son comunidades muy activas. Eso me encanta de las dos ciudades—en las dos pasan muchas cosas relacionadas a la poesía. En El Paso hay muchos grupos literarios y organizaciones que arman noches de lecturas, talleres, distintos tipos de eventos literarios. También el Departamento de Creación Literaria en la Universidad de Texas en El Paso tiene un programa donde trae a escritores a leer de sus libros y charlar con el público. En Boulder hay una librería dedicada exclusivamente a la poesía. Se llama Innisfree, y ahí se organizan muchas lecturas de poetas increíbles. También está la Universidad Naropa que tiene un programa de Creación Literaria muy importante y que siempre trae a poetas a Boulder.
            En Uruguay también pasan muchas cosas. Hay mucho movimiento. Me encantaría poder participar más de esa “movida” como le decís vos.

 Miguel: ¿Tus mayores influencias literarias?

Las influencias literarias son un proceso. Cada cosa que leemos nos influencia, y si volvemos a leer un libro nos vuelve a influenciar pero de otra manera. Si tuviera que decir algunas coordenadas de mis influencias de raíz serían: Pizarnik y Vilariño.

Miguel: Tienes que rescatar apenas cinco libros de tu biblioteca. ¿Cuáles serían?

Applies to Oranges de Maureen Thorson, el libro de poesía completa de Idea Vilariño, la poesía completa de Marosa di Giorgio, la de Cesare Pavese, y la de Emily Dickinson. Y en realidad, intentaría llevarme algunos más sin que se dieran cuenta los que me pusieron el límite de 5 libros. No me podría ir sin llevarme a algo de Roland Barthes, por ejemplo, y me llevaría alguna novela gráfica que me encantan, y a Felisberto Hernández.

Miguel: ¿Qué hay en el horizonte poético de Laura Cesarco Eglin?

¡Qué lindo que me invites a mirar el horizonte! Es difícil hablar de lo que está más allá. Siempre me costó. Pero además me gusta un horizonte abierto. Prefiero dejarlo así. Te puedo hablar del presente: seguir escribiendo, me gustaría publicar un manuscrito que ya tengo pronto.

Miguel: Finalmente, gracias. Y en el siguiente espacio puedes escribir lo que tu quieras.

Muchas gracias, Miguel. Gracias por crear este espacio, por tu interés. Y nos vemos en diciembre.






"No sé si la poesía sana, pero sí es una forma de ir procesando y pensando las cosas."
Laura Cesarco Eglin

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