lunes, 5 de septiembre de 2016

El círculo Liscano


La lectura -aun en proceso- de “Oficio de escritor” de Gabriela Sosa sobre la obra de Carlos Liscano me ha metido en un embrollo terrible. Absolutamente inmerso en los procesos de construcción de los textos de Liscano a través de lo investigado por la autora, sufrí la insoportable necesidad de conseguir un libro del hasta hace poco director de la Biblioteca Nacional. Afortunadamente me encontraba en otra biblioteca, la del Instituto de Profesores Artigas. De forma intempestiva me levanté de la silla, me dirigí hasta el mostrador y pedí uno de sus libros; el primero que llegó a mis manos fue “Miscellanea observata”, un sentido poemario escrito en el período de transición de dos décadas (fines de los ochenta, principios de los noventa) donde Liscano intercala textos breves con moderadas epístolas, a veces poemas sentenciosos otras veces composiciones que se asemejan a un diario personal. Paralelamente, me encuentro desde hace días trabajando en lo que sería la continuación de mi nouvelle Micaela Moon que, curiosamente, se ha ido fragmentando, cediendo en la narración llana -por momentos- espacio a la composición diarística (influencia de Liscano?). El caso es que escribo. Y leo. Y sostengo lo activo, metido en el círculo. Y sin salir de él.





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